¿Quién cree hoy en una promesa?. Por Célida Godina PDF Imprimir E-Mail

¿QUIÉN CREE HOY EN UNA PROMESA?.

Por: Célida Godina

Lección 6 E.N.

Así como vivimos el fin de gran cantidad de cosas, vivimos el fin de la promesa. Promesa según el diccionario de Lengua Española Larousse significa asegurar la verdad de lo que se dice, declaración de una persona mediante una promesa solemne que se compromete a cumplir con rectitud y fidelidad en los deberes y obligaciones de un cargo.

 Dar muestras o indicios de que una cosa será tal como se expresa, comprometer a una persona con otra para que se casen. Dar muestras una persona o una cosa de que va a triunfar o va a resultar bueno en el futuro. Tener esperanza una persona de lograr lo que desea sin gran dificultad. Obligarse a hacer, decir o dar alguna cosa. Dar una persona o cosa buenas muestras de sí para el futuro. Tener halagüeña esperanza de conseguir una cosa. Asegurar la verdad de lo que se dice. Dar una cosa señales de que en el futuro será como se expresa. En una palabra prometer es: asegurar, afirmar, cerciorar, certificar, ofrecer, obligarse, esperar, confiar, consagrarse, comprometerse. Si realizamos una brevísima fenomenología del prometer, damos cuenta que en la filosofía de P. Ricoeur, prometer es “el acto mediante el cual el sí-mismo se compromete efectivamente con aquello que se liga mediante la palabra entregada. Al ‘dar la palabra’ desafiamos nuestra propia pasividad y también negamos nuestro cambio radical: ‘Aunque mi deseo cambiara -dice Ricoeur- aunque yo cambiara de opinión, de inclinación, me mantendré’” (Citado por M. F. Begue en su artículo: El proyecto y la promesa. Aportes de P. Ricoeur a la fenomenología del querer). Prometer significa compromiso con el otro, éticamente es comprometerse ante alguien o con algo, característica propiamente humana según Nietzsche. De acuerdo a Begue, fue Gabriel Marcel quien afirmó que no podemos aprehender el sentido total de la vida, desde un punto de vista panorámico, a no ser que hagamos abstracción de las situaciones concretas en las que estamos inmersos. La vida es como una sonata que se va borrando y cuya temporalidad siempre tiene algo de descosido. Este aspecto des-hilvanado nos afecta como una “prueba que necesitamos superar mediante conductas tales como la promesa y el juramento. Estas conductas son las únicas capaces de re-enhebrar operativamente lo que la especulación no puede retener. No hay promesa sin riesgo porque “no podemos esclarecer todas nuestras posibilidades si no es comprometiéndonos”, concluye nuestra autora. El acto de prometer sólo puede ser válido si quien lo ejecuta puede asumir la obligación de cumplirlo, es decir, si tiene la capacidad para ello. Sólo se prometen acciones o resultados de éstas. Al prometer, nos ligamos con la cosa que nos obligamos a hacer. “La promesa pone en juego a dos personas: el que promete y el que recibe el pacto de obligación y ambas, a su vez, están bajo la luz de una estructura más amplia, social y comunitaria, que avala con su escala de valores el reconocimiento de la confianza mutua, de la fiabilidad en el vínculo. Cada uno de nosotros construimos nuestra credibilidad respecto de quienes reciben nuestras promesas, de la fiabilidad habitual que aplicamos a nuestros compromisos de vida, creando así nuestro propio estilo. Nuestra capacidad de “dar crédito” a nuestra palabra se ejercita en la medida misma en que ejercitamos nuestra respuesta a quien la recibió y que también fue testigo de nuestra entrega” (Begue, art. citado).
Ahora bien, como se ha podido observar, cada palabra que hace referencia a la promesa o es su sinónimo, nos hace pensar en la relación de un yo con un tu, pensar en un Bien, en un Valor, hoy perdidos. Me pregunto ¿quién cree hoy en una promesa? ¿creemos hoy en los vaticinios de diversa índole? ¿podemos creer que el siglo de la biotecnología traerá beneficios a la población mundial? ¿creemos, los que pensamos meditativamente, que la ciencia es el nuevo Dios y por eso resolverá los problemas de siempre y las preguntas de miles de años? ¿la revolución digital es una nueva promesa de un mundo mejor? ¿las bondades de la sociedad del conocimiento y su propuesta de educación por competencias es la solución para formar conciencia crítica en los alumnos? ¿el advenimiento de una sociedad maravillosa nacida de las bondades de la era tecnológica nos hará mejores ciudadanos? ¿podremos dejarnos de sorprender algún día del impacto creciente de las tecnologías de los avances tecnológicos? ¿cuándo pensaremos que la sociedad de la información es sólo una promesa, pero nada más, que ella sirve a intereses de poder y por tanto miente? ¿la promesa de los políticos es auténtica o sólo es usada con fines electorales? Las promesas políticas son quienes llevan al pueblo a seguir en condiciones lamentables. Estas promesas hablan de derechos sociales, de iniciar una nueva era y una alianza entre iguales, de la reforma migratoria, de la creación de empleo, de acabar con la pobreza, de respeto a los derechos humanos, de cambio…, de salud para todos, de educación para todos, de asistencia de Occidente al Tercer Mundo. Fue Hannah Arendt quien señaló que la política no posee un “fin”; en su lugar, ha sido en ocasiones –y quizás pueda volver a serlo– el empeño nunca acabado por parte de la gran pluralidad de seres humanos por vivir juntos y compartir la tierra bajo una libertad mutuamente garantizada. Esa es la promesa política, no la que escuchamos diario en discursos, entrevistas o programas de gobierno o en campañas políticas. La ética negativa tiene como deber hacer memoria de todo aquello que ha sido, sigue siendo y posiblemente será, sino existe alguien que desenmascare y critique la lógica establecida de suspensión del juicio ético para que todo sea permitido.

 
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